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El BCB está obligado a seguir apreciando el boliviano

In BANCOS, BOLIVIA, DOLAR, REPORTAJE on marzo 14, 2011 at 3:31 am
Marcelo Zabalaga La inflación externa y sus efectos en la economía boliviana son la principal preocupación del actual presidente del Banco Central de Bolivia, quien afirma que el instituto emisor seguirá apreciando la moneda. El no hacerlo, dice, afectaría el poder adquisitivo de la población. ‘El proceso que nosotros estamos siguiendo ahora es de apreciar la moneda para evitar sobre todo el impacto de la inflación de productos extranjeros’, sostiene.
La Razón

Marcelo Zabalaga El titular del BCB asegura que la inflación prevista para este año no sobrepasará la meta del 6%. Dice que los medios televisivos crearon una ‘sensación’ de escasez generalizada de productos, por lo que pide actuar con responsabilidad. ‘Los medios tienen un poderoso influjo sobre el comportamiento de las poblaciones, debieran actuar de ida y de vuelta, no sólo para dañar la imagen del Gobierno’, reflexiona la autoridad

Marcelo Zabalaga
Nació: 1-6-1953 Profesión: Economista Cargo: Presidente del BCB El profesional y experto en banca y microfinanzas El actual presidente del Banco Central de Bolivia (BCB) nació en la ciudad de Cochabamba. En 1977 obtuvo su Licenciatura en Ciencias Económicas, con mención en Métodos Cuantitativos, en la Universidad de Ginebra, Suiza. Tiene dos maestrías, una en Gerencia de Banca Corporativa y otra en Ciencias Sociales. Fue fundador y primer presidente de la Asociación Finrural. Esta asociación reúne a las Instituciones Financieras de Desarrollo que prestan servicios de microcrédito en e

— En enero del 2011, el Banco Central de Bolivia (BCB) modificó el encaje legal para depósitos en moneda extranjera. ¿De qué manera afectan estas políticas a los depósitos y a los créditos en dólares?

— El concepto de encaje legal es una reserva que los bancos centrales tienen con relación a los depósitos que reciben las entidades bancarias, de tal manera que esta reserva sirva para que cuando ellos necesiten dinero para devolver a los ahorristas, exista una reserva en el Banco Central para que ellos puedan contar con liquidez y devolver a los ahorristas (…).

El objetivo ha sido fundamentalmente crear un mecanismo de protección para que nosotros podamos estar seguros que los bancos tienen en sus cajas y tienen aquí en el Banco Central suficiente dinero en dólares para una eventual corrida.
La corrida de diciembre ha permitido que aprendamos muchas lecciones, una de ellas es la virulencia de una corrida universal, cosa que no teníamos desde el 2002. Ese año fue la última corrida universal y todo el mundo salió a sacar su dinero de todas las entidades financieras (…).

Entonces hemos visto que había que estar más protegidos en cuanto a reservas en dólares, es por eso que hemos aumentado de alguna manera y cambiado la estructura del encaje legal. Ahora, esto está significando obviamente que la velocidad de crecimiento de la cartera en dólares sea menor que la velocidad de crecimiento de la cartera en bolivianos.
Sin quererlo, sin buscarlo —porque esta vez la medida no tuvo el objetivo de bolivianizar, sino de tener mayores reservas— ha provocado que haya mayores depósitos y mayor cartera (créditos) en moneda nacional.

— ¿Eso quiere decir que esta medida ha tenido un doble efecto?

— Digamos doble efecto. Uno muy buscado, que es tener más reservas, estar mejor protegido si es que tuviéramos nuevamente una corrida; e indirectamente hemos afectado también el volumen de cartera que se da en dólares y en bolivianos.

— Usted dice que la corrida producida en diciembre ha sido una de las más virulentas. ¿Cuánto dinero ha salido del sistema financiero nacional en ese período?

— Son tres días básicamente: 29, 30 y 31 de diciembre. Y la salida total han sido más o menos 350 millones de dólares. Y ahí estoy sumando tanto salida en bolivianos como en dólares. Pero la mayor parte de esto, cerca del 90%, ha sido en dólares.
La corrida en dólares ha tenido dos características. Por una parte la gente ha retirado dólares para llevárselos a su casa y, por otra, ha tenido también el efecto de que la gente ha cambiado sus dólares por bolivianos en el mismo banco (…).

Entonces ese doble efecto ha tenido una mayor bolivianización, pero al mismo tiempo ha salido dinero del sistema financiero.
Nunca habíamos tenido semejante volumen, sobre todo el día 29, que salieron como 250 millones de dólares.

Le voy a hacer una comparación. Las corridas más importantes de los años anteriores, el 2002 y el 2005, tuvimos una salida máxima de 40 millones de dólares. Prácticamente en diciembre, durante el primer día de corrida, salió seis veces más que lo que había salido cinco años antes. Qué quiere decir esto. En primer lugar, ha habido una mayor bancarización, que es un dato interesante, normalmente positivo. Por darle una idea, el 2005 habían más o menos dos millones de cuentas en el sistema financiero nacional, hoy estamos con más de cuatro millones y medio de cuentas. O sea, en cinco años, se han más que duplicado el número de cuentas: cuentas de ahorro, cuentas corrientes y Depósitos a Plazo Fijo (DPF).   La gente cada vez mete más su dinero a los bancos y la tiene menos en su casa.

— ¿Conviene ahorrar todavía en dólares en Bolivia?

— Mire, la respuesta que damos siempre es la misma. Todo depende de lo que usted va a hacer con sus gastos y sus compras. Normalmente la gente que es, por ejemplo, comerciante, realiza compras en bolivianos y realiza compras en dólares. Una parte de la población por una u otra razón tiene familiares fuera de Bolivia y tiene que viajar o tiene que enviar transferencias en dólares, entonces esa persona que va a necesitar transacciones en dólares no le conviene cambiar a bolivianos porque va de ida y vuelta. Después tiene que volver a comprar dólares.

Conozco el caso de una persona que se asustó y cambió todo su dinero a bolivianos pero hacía compras internacionales. Es decir, tiene que volver a comprar dólares perdiendo en la ida y en la vuelta por el diferencial de cambio.

Entonces yo diría que depende un poco de la estructura de gasto de las personas y de las familias.

— Vale decir que no hay que poner todos los huevos en la misma canasta.

—  Depende lo que uno va a gastar. Si solamente va a gastar en bolivianos y se va a quedar en bolivianos y no tiene familiares fuera, claro, es mejor bolivianos. Pero el porcentaje de familias que no tiene nada que ver con el extranjero es más bien menor en Bolivia. Todos de alguna manera tenemos algo que ver con el extranjero, por familiares, por compras, por viajes o por otras razones.

— ¿Qué beneficios representa para Bolivia que los ahorros y créditos en el sistema financiero se hayan bolivianizado?

— Hay varias ventajas. La primera de ellas de índole macroeconómico. El hecho que nosotros tengamos una economía más bolivianizada, es decir, más en bolivianos hace que como país podamos manejar política monetaria de manera más solvente.
Por ejemplo, si nosotros modificamos la tasa de interés el efecto va a ir inmediatamente a las variables que queremos afectar.

Si aumentamos la tasa va a aumentar el ahorro y va a disminuir el crédito, automáticamente. Más importante que eso, nosotros podemos captar más bolivianos o echar más bolivianos al mercado y depende de nosotros que el mercado actúe con relación a las variables del boliviano. Si sacamos bolivianos del mercado, entonces va a haber menos dinero en la economía para compras y podemos bajar la inflación.

Pero si toda la economía fuera dólares, nosotros no podemos sacar y meter dólares porque no es nuestra moneda. Los dólares entran y salen de Bolivia libremente, entonces, no podríamos afectar las variables de la economía.

— En esa línea, ¿qué políticas viene aplicando el instituto emisor para contrarrestar los efectos de la inflación?

— Clásicamente son tres las políticas. La primera política es la de encaje legal. Al aumentar el encaje legal estamos disminuyendo la cantidad de dinero que hay en la economía, que los bancos pueden utilizar. Entonces disminuimos la demanda por bienes y servicios al disminuir la cantidad de dinero.

La segunda política es la compra y venta de títulos valores del Banco Central. Si nosotros ofrecemos muchos títulos a la economía con atractivas tasas de interés, las entidades financieras, pero también los particulares, van a comprar esos títulos y van a depositar su dinero en el banco. Si nosotros no hiciéramos eso         —guardar sus ahorros o precautelar sus ahorros— ese dinero iría a comprar casas, terrenos y otros bienes. Y esa demanda aumentaría la inflación. Entonces para evitar que haya dinero buscando bienes y servicios traemos ese dinero al Banco Central.

Toda la política de oferta de mercado —Operaciones de Mercado Abierto (OMA) de venta y compra de títulos— permite modificar la tasa de inflación.

Finalmente, la tercera es la política de apreciación o depreciación de la moneda. El proceso que nosotros estamos siguiendo ahora es de apreciar la moneda para evitar sobre todo el impacto de la inflación de productos extranjeros, que ahora más que nunca hay una inflación internacional que está afectando grandemente los precios internos por dos razones. Primero, porque lo que compramos al exterior nos cuesta cada vez más por la inflación externa, nos cuesta más en dólares y en bolivianos. Y lo segundo es que la gente que tiene productos prefiere exportar. Y si va a vender en el mercado interno, quiere subir su precio para hacerlo competitivo con el mercado externo.

Nosotros, al aumentar el valor del boliviano, estamos permitiendo que para el que tiene bolivianos le sea menos caro adquirir bienes extranjeros.

— ¿Eso quiere decir que el BCB va a continuar en esta gestión con la política de apreciación de la moneda nacional?

— Mientras estemos en esta gestión enfrentando una inflación externa tan aguda, estamos obligados a preservar la capacidad de consumir que tienen los bolivianos. Si no lo hiciéramos así, los bolivianos estarían perdiendo al tener bolivianos que no se aprecian con relación al dólar.

— ¿Se tiene un cálculo de cuánto más puede disminuir la  inflación con esta política?

— Hemos hecho un intento de cálculo a través de aproximaciones econométricas y hemos detectado que por cada 1% de apreciación el impacto es 0,8% de disminución de la inflación. O sea, casi el 80% de la apreciación afecta para bajar la inflación.

Ahora, por lo que ya hemos hecho de apreciación (de la moneda nacional), hemos logrado mantener el poder adquisitivo de la población en un equivalente de 130 millones de dólares. Es muy importante. Si no hubiéramos apreciado, la gente hubiera perdido el poder adquisitivo (equivalente a) 130 millones de dólares. Al lograr apreciar la moneda nacional en relación al dólar, hemos defendido que el valor de los sueldos y salarios de las personas mejoren 130 millones de dólares que si no lo hubiéramos hecho.

— Si el BCB no hubiera tomado esta medida, de la apreciación del boliviano, ¿la tasa de inflación en lo que va de este añosería más alta de la proyectada por el Gobierno?

— Hubiera sido el 80% de esos puntos que hemos bajado más. Es decir, si hemos bajado tres puntos, la inflación hubiera sido 2,4 puntos más de lo que es actualmente.

(NdR. El índice de precios al consumidor registró en lo que va del año una variación acumulada de 2,97% y en los últimos 12 meses llegó a 10%).

Ahora es cierto que es un proceso muy mediato, tiene su rezago que puede durar entre un año y un poco más, pero lo que estamos protegiendo es que si la inflación calculada de 6% este año, al tomar las medidas que estamos tomando, se mantenga en 6% e incluso baje un poco.

(NdR. El Gobierno ya corrigió la previsión de inflación de 2011 del 4%, calculado inicialmente, al 6% pero se cubrió la mitad de esa última meta en sólo dos meses por el aumento de precios, especulación y escasez de alimentos).

— Pero la inflación a febrero casi ya llega a la mitad de la proyectada para este año.

— Hasta ahora prevemos que se mantenga en 6%. Incluso estaba previsto que aumente un poco más estos primeros meses del año. O sea, hasta ahora, viene más o menos como se había estimado.

— ¿Cuál es la responsabilidad de los medios de comunicación respecto a las expectativas inflacionarias?

— Yo le voy a dar un ejemplo más que un juicio de valor. En la época en la que había escasez de azúcar, durante días y días los medios de comunicación audiovisual, básicamente televisión, usaron un porcentaje muy alto de su tiempo en ir a las colas. Entonces, si uno prendía la televisión, qué es lo que veía (…).Y la sensación que crearon (los medios televisivos), más allá de si era o no era verdad, era de escasez de azúcar.

Se pareció mucho al pánico de la UDP (1980-1982), que todos los días subían los precios y uno veía la televisión y era un escándalo porque había colas en todas partes. Entonces uno rápido salía a hacer cola en alguna parte para ver qué es lo que podía adquirir. Si el mensaje que se da es de escasez, de encarecimiento y de molestia es casi más un mensaje político que un mensaje simplemente social.

Entonces esa contribución de los medios a la sensación de escasez y encarecimiento ha provocado que la gente crea que no solamente era el azúcar sino que era una escasez generalizada y que podía aceptarse fácilmente un incremento de todos los bienes y servicios que estaban en el mercado (…).

Donde se ha visto una reacción contraria felizmente es en el tema de pasajes. La gente ya se ha organizado por barrios para no aceptar un incremento de pasajes (…).

Los medios (de comunicación) tienen un poderoso influjo sobre el comportamiento de las poblaciones, debieran actuar de ida y de vuelta, no sólo para dañar la imagen del Gobierno, sino también para fortalecer la posición del público en general.

Periodista:Miguel Lazcano – La Paz
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Adiós a la comida barata

In CRISIS ALIMENTARIA, REPORTAJE on febrero 18, 2011 at 9:59 am

El empuje chino e indio, las malas cosechas y el pánico comprador de varios Gobiernos provocan la segunda crisis alimentaria en tres años y las algaradas en países pobres.

CLAUDI PÉREZ

Adnan Nevic (Sarajevo, 1999) está a punto de entrar en una edad complicada. Naciones Unidas le escogió en su día como el habitante número 6.000 millones del planeta. En apenas 12 años, ese niño bosnio ha sido testigo de una especie de montaña rusa económica; una fenomenal expansión al inicio, coronada con la mayor crisis desde la Gran Depresión. A punto de cumplirse el cuarto aniversario de la crisis, cuando ya parecía que ese relato se aproximaba al final, empieza a escribirse un nuevo capítulo: explota la segunda crisis alimentaria de los tres últimos años, combinada con las primeras algaradas sociales en el Norte de África. Hay múltiples causas que explican esa coda de la Gran Recesión. Los precios dan siempre señales de que algo sucede, y los máximos que han alcanzado los precios alimentarios hablan de sequías e inundaciones, de especulación, de barreras comerciales, de subsidios en el mundo rico, de biocombustibles, de encarecimiento del petróleo; de montones de cosas importantes.

La crisis alimentaria ha entrado en la agenda del G-20

Todo eso está detrás de los espectaculares picos en la cotización de los alimentos, pero la tendencia de fondo se explica por dos causas fundamentales, de largo aliento: China, India y en general los emergentes asiáticos crecen a toda velocidad y eso, a la hora de cenar, significa que chinos e indios comen más (y mejor) que nunca. La segunda razón es la que le va a quitar protagonismo a nuestro Adnan Nevic: Naciones Unidas elegirá al habitante número 7.000 millones del planeta antes de que acabe 2011. Su efímera fama habrá durado apenas 12 años. La economía gestiona recursos escasos; a esa velocidad, cada vez más escasos.

Los precios de los alimentos llevaban varias décadas en un suave declive, hasta principios del siglo XXI. A partir de entonces empezaron a subir de forma persistente, alcanzando niveles máximos a mediados de 2008. Ya en ese momento hubo convulsiones sociales en una veintena de países, pero la Gran Recesión enmascaró esos problemas por un tiempo. Los precios cayeron rápidamente por el descenso de la demanda en todo el mundo, pero todo gran terremoto tiene su réplica: apenas dos años después los alimentos vuelven a estar muy caros y sonuna de las razones de las protestas que desencadenaron la crisis en Túnez y el efecto contagio en las calles de Yemen, Argelia, Jordania y Egipto.

Hay numerosas variables que explican ese fenómeno desde un punto de vista coyuntural: “Se trata de una serie de acontecimientos dispares que se han reforzado mutuamente y han alcanzado el punto crítico al mismo tiempo”, resume Federico Steinberg, del Instituto Elcano. En condiciones normales, los mercados se acercarían al límite actual para luego tranquilizarse. Pero estas no son condiciones normales, y el mercado alimentario tiene características muy peculiares como para no prestar atención a lo que está sucediendo, a todo ese ramillete de causas que vienen a unirse a la tendencia de fondo: la emergencia de China e India, la imparable pujanza de la población mundial, las dificultades para dar de comer más y mejor a cada vez más gente sin que la productividad de la agricultura mejore sustancialmente desde hace tiempo. “Todo eso lleva a los expertos a considerar que la era de los alimentos baratos (y de otras materias primas) toca a su fin”, resume Gonzalo Fanjul, de Intermón Oxfam.

En la crisis actual se repite la secuencia de 2008: una pieza en dos actos. Durante un tiempo, incrementos de precios por el tradicional juego de oferta y demanda: malas cosechas por sequías o inundaciones cada vez más frecuentes a causa del cambio climático; reducción del nivel de existencias; cultivos que dejan de dedicarse a la alimentación para producir biocombustibles, ese tipo de cosas. Y a partir de ahí un segundo acto marcado por decisiones políticas cuestionables como las restricciones a la exportación, esta vez en Rusia y Ucrania, países productores en los que ha habido malas cosechas y que quieren controlar los precios. Y ante las primeras algaradas sociales en los países más vulnerables, los Gobiernos reaccionan con algo parecido al pánico comprador: Argelia, Arabia Saudí, Bangladesh, Indonesia, Afganistán e India han anunciado que llenarán sus graneros de maíz, arroz o trigo para evitar que se repitan protestas. Paradójicamente, esa política contribuye decisivamente a las alzas de precios. “Eso es lo verdaderamente preocupante. Y ese tipo de anuncios atraen además a los especuladores”, explica Vicente Pallardó, de la Universidad de Valencia.

Los costes de algunos alimentos se acercan o sobrepasan ya los picos de 2008. Hace unos días, la FAO (el organismo de Naciones Unidas encargado de la agricultura) anunció que el índice de precios que agrupa a los principales productos básicos superó todos los récords en diciembre, y batió de nuevo esas marcas en enero. El encarecimiento fue de un 30% en 2010, y el Banco Mundial prevé que los precios elevados -unidos a una gran volatilidad- se mantengan al menos hasta 2015. Los egipcios gastan casi la mitad de su renta en alimentos: en los países más pobres ese gasto se lleva hasta dos tercios de los ingresos de una familia media. En esos lugares, las alzas de precios “son una amenaza para el crecimiento y para la estabilidad social”, según Robert Zoellick, presidente del Banco Mundial, que ha reclamado al G-20 que dé prioridad a la crisis alimentaria. Razones no faltan: hay casi mil millones de personas que sufren hambre en todo el mundo; más del 60% son mujeres. Y un tercio de la mortalidad infantil en todo el mundo se atribuye a la malnutrición.

El alud de informaciones para entender la magnitud del problema es sensacional. El precio del trigo en los mercados de Reino Unido alcanzó en enero un máximo histórico. En Argelia ha habido disturbios por la escasez de alimentos. La inflación en India se encarama hasta rozar el 20% a causa de los alimentos, lo que ha llevado a su Gobierno a amasar existencias. China busca en el extranjero grandes cantidades de trigo y maíz, y México empieza a hacer lo mismo para evitar una reedición de la crisis de las tortillas. “En general, los accidentes climáticos explicaban buena parte de los picos en los precios hace unos años. En 2008 fueron los fondos especulativos los culpables de las subidas. La buena noticia es que ahora la principal razón es que el mundo emergente ha salido de la crisis a toda velocidad y eso explica ese encarecimiento repentino, por la mayor demanda. Se trata de algo positivo: las gentes comen ahora más y mejor en esos países. Desde luego eso provoca dificultades en otros países de bajos ingresos, pero la otra cara de la moneda son los productores de alimentos: en Argentina o Brasil no puede hablarse de malas noticias”, afirma Rolf Campos, profesor de la escuela de negocios IESE en Madrid. Aunque buena parte de los márgenes no se lo lleven los pequeños productores, sino las grandes multinacionales del sector agroalimentario.

“Los altos precios probablemente persistan durante meses. La agricultura no es como otras industrias: transcurre tiempo para que las inversiones permitan que la oferta crezca”, explica Abdolreza Abbassian, economista de la FAO, que en las últimas semanas ha puesto el acento en las dificultades que añade la volatilidad extrema de las cotizaciones. No va a ser fácil reducir esos vaivenes. Hace unos días, en Davos, el presidente francés Nicolas Sarkozy se preguntaba si es de recibo que un solo especulador pueda adquirir de una tacada un 15% de la producción mundial de cacao en una operación “sin pagar un solo céntimo” para después revenderla. “¿Eso es lo que hace el mercado? ¿Eso es lo normal?”, decía.

“La seguridad alimentaria ha entrado en la agenda del G-20 y eso es positivo”, afirma Máximo Torero, del think tank estadounidense IFPRI, que apunta posibles soluciones: “Hay que crear una unidad de inteligencia alimentaria para conseguir más transparencia sobre las reservas y evitar situaciones de pánico, con un mecanismo de alerta para no llegar a situaciones límite, y hay que regular el mercado de futuros para limitar la especulación”. “Hay que hacer todo eso y sin embargo los tres últimos años demuestran que el desgobierno es completo en el mercado alimentario: ni siquiera con la banca se hacen menos cosas”, añade Fanjul.

La lucha contra ese problema nunca ha sido fácil. A mediados del siglo pasado, el hambre asolaba India tras una grave sequía: un tipo llamado Norman Borlaug consiguió nuevas variedades de semillas de trigo y obró el milagro, la productividad mejoró y millones de personas dejaron de pasar hambre. Borlaug ganó el Nobel en 1970 y lo que hizo se conoce como revolución verde (aunque el uso de plaguicidas ha contaminado los acuíferos de las regiones en las que se aplicó su idea, según algunas fuentes). “Necesitamos una segunda revolución verde, y rápido”, reivindica Pallardó, “porque la productividad agrícola se ha estancado y en cambio la población alcanzará los 9.000 millones en 2050”. Para entonces, probablemente el mundo habrá olvidado a Adnan Nevic, el ciudadano 6.000 millones. Aunque nunca se sabe. Un tal Thomas Malthus, un apacible clérigo y matemático que vivió a caballo del siglo XVIIII y el XIX, dejó escrito hace más de 200 años lo que se conoce como maldición malthusiana: “La capacidad de crecimiento de la población es infinitamente mayor que la de la tierra para producir alimento para la humanidad”. El capitalismo industrial tendió un puente por encima del abismo demográfico malthusiano: ese peligro se ha evitado durante dos siglos y Malthus ha sido perfectamente olvidado durante años. En el tiempo que usted emplea en leer este artículo nacerán unas 900 bocas que alimentar: es posible que los genetistas y la tecnología consigan esa segunda revolución verde, pero de momento Malthus está siendo reivindicado. El economista John Keynes, también semiolvidado durante años, atribuía a Malthus “una profunda intuición económica”. Y conviene fiarse de Keynes.

 

FUENTE: http://www.elpais.com

BRASIL DENUNCIA UNA “GUERRA COMERCIAL” CON LA DEPRECIACIÓN DE LAS MONEDAS

In ECONOMIA, REPORTAJE on enero 29, 2011 at 10:34 am

 

El ministro de finanzas de Brasil, Guido Mantega, advirtió que el mundo puede entrar en una verdadera “guerra comercial” si algunas economías continúan devaluando sus monedas nacionales para favorecer las exportaciones.

“Esta es una guerra monetaria que se está convirtiendo en una guerra comercial”, declaró Mantega en una entrevista concedida al diario Financial Times. Según el ministro, las economías de China y EE. UU. están entre las más activas manipulando el mercado con sus monedas nacionales, pese a que uno de los acuerdos alcanzados durante la última cumbre del G-20 en Seúl fue frenar esta tendencia proteccionista.

“Tenemos excelentes relaciones comerciales con China, pero hay algunos problemas porque también es un gran competidor de bienes manufacturados. Por supuesto que nos gustaría ver una revalorización del yuan”, aseguró Mantega.

El ministro informó también que en los últimos tiempos Brasil ha tratado de evitar una mayor apreciación de su moneda nacional, cuyo continuo fortalecimiento amenazaba la economía del país. En los últimos ocho años el real casi duplicó su valor frente al dólar, lo que resultó un motivo de gran preocupación para Brasil. El ministro subrayó que las relaciones comerciales entre Brasil y EE. UU. cayeron de un gran superávit anual a favor de Brasil a un importante déficit por la relajada política monetaria promovida actualmente por Estados Unidos.

Esa política financiera ya fue criticada con anterioridad por el director gerente del Fondo Monetario Internacional, Dominique Strauss-Kahn, que acusó a la economía china de devaluar artificialmente el yuan para no dañar su competitividad y mantener sus altas tasas de crecimiento. EE. UU., por su parte, ante sus graves problemas financieros decidió seguir el ejemplo de China y depreciar el dólar con el objetivo de reactivar su economía y generar empleo.

FUENTE:

http://actualidad.rt.com/economia/global

La crisis financiera pudo evitarse, concluye la investigación en EE UU

In ECONOMIA, REPORTAJE on enero 27, 2011 at 12:41 pm

SANDRO POZZI – Nueva York – 27/01/2011

La autopsia de la mayor crisis financiera desde la Gran Depresión está hecha. La conclusión de la comisión del Congreso que investigó las causas que provocaron el colapso del sistema bancario en Estados Unidos, y que puso a la economía del país y luego del resto del mundo al borde del precipicio, es que “pudo evitarse”. Decir lo contrario sería, dice, “admitir que se repetirá”.

El informe dice que Greenspan fue negligente y acusa de avaricia a la banca

La comisión atribuye la crisis al apetito desmesurado de los bancos por el riesgo y la ineptitud de las agencias de calificación, a los agujeros en la regulación y la actuación laxa de los supervisores, como la Reserva Federal, y a la falta de iniciativa política para exigir responsabilidades a Wall Street.

“Fue resultado de la acción y de la inacción humana, no de la madre naturaleza o de un modelo informático que se volvió loco”, reza el informe, que se publica hoy con un mes de retraso por la fricción entre demócratas y republicanos. No solo se ignoraron las alertas, explica el informe, sino que se erró al preguntarse, entender y gestionar el riesgo excesivo que dominó la cultura financiera del momento. La palabra “avaricia” emerge al referirse a la conducta de entidades como Goldman Sachs, Merrill Lynch, Lehman Brothers o Citigroup, de las que dice que no contaban con el colchón de capital necesario para asumir tal riesgo. Y mete el dedo en la llaga al cuestionar la labor de Alan Greenspan al frente del banco central, por su férrea defensa de la desregulación. Alan Greenspan ya admitió que pecó al confiar en el autocontrol de los bancos. Para el comité, los abusos en el mercado hipotecario son ejemplo de un liderazgo “negligente” por su parte. También carga contra su sucesor, Ben Bernanke, al reiterar públicamente que las crisis de las hipotecas basura estaba contenida, aunque le reconoce su respuesta cuando las cosas se pusieron mal.

El comité no es tan agradecido con la primera reacción del equipo del ex presidente George Bush, porque, dice, fue inconsistente y alimentó la incertidumbre en los mercados. Pero la crisis se gestaba de lejos. Y ahí arremete contra la decisión ocho años antes del ex presidente Bill Clinton de dejar al margen de la supervisión instrumentos exóticos, como los derivados. Aunque ese pudo ser el origen, el informe reitera que la responsabilidad es compartida.

FUENTE:

http://www.elpais.com

No hay “milagro brasileño” sino un gran trabajo de siglos

In BRASIL, ECONOMIA, REPORTAJE on enero 25, 2011 at 12:17 am

Desde ya, el largo camino del vecino no ha estado exento de errores, abusos y contratiempos. Pero los logros y las estrategias exitosas y persistentes superan los desaciertos.

 

Por MARCELO RAMÓN LASCANO*
Sólo en una atmósfera cultural heredera de generalizaciones abstractas si no ideológicas, podría sorprender el encumbramiento de nuestro importante vecino Brasil. El crecimiento, si no el desarrollo alcanzado, el mejoramiento de las condiciones de vida de su población, el ingreso al club de firmas internacionales de la mano de la penetración productiva y comercial en todo el globo confirman ascendente prestigio e influencia internacional.

No hay milagro.

La llegada consagratoria a importantes foros, la conquista del investment grade y la selección del país para ser sede del próximo Campeonato mundial de fútbol (2014) y de las Olimpíadas a celebrarse en 2016 ratifican la influencia de una geopolítica observada con fidelidad desde el Tratado de Tordesillas (1494).

Por supuesto, el secular transitar no ha estado exento de errores, abusos y contratiempos. Empero, los logros superan a los desaciertos.

La irrupción de los últimos años con Lula o Cardoso, si se prefiere, no es ajena al espíritu innovador del varguismo (1930) y menos de las arrolladoras ofensivas políticas protagonizadas durante el siglo XIX. Así Brasil consolidó derechos territoriales en casi 8,5 millones de km2 y límites con diez países. Además, tempranamente se afianzó en la Cuenca del Plata y su sistema de ríos navegables único en el planeta. Instalada pacíficamente en Río durante la invasión napoleónica (1808), la Corte de Lisboa, sin costear guerras por la independencia, durante el siglo XIX con Pedro I y Pedro II afirmó paulatina y exitosamente la empresa política.

Frente a nuestras desinteligencias, el camino hegemónico estaba expedito . Maltratamos a San Martín, unitarios enredados en disquisiciones en medio de la anarquía sembraban vientos de tempestades, dos próceres indiscutidos por muchas razones parecían no entender la importancia política del territorio, la fractura de la unidad en ligas provinciales caprichosas delataban una peligrosa debilidad institucional. La pérdida del Alto Perú y de la Banda Oriental, junto con la guerra de la Triple Alianza, reportaron dividendos territoriales que constituyen un capítulo importante para entender el ascendente señorío geográfico de Brasil, para cuya concreción la alianza tejida pacientemente y sin escrúpulos contra Rosas en 1852 coronó la estrategia.

La Argentina resignaba territorio e influencia mientras Brasil ganaba. Esta diferencia político-estratégica-cultural es fundamental para explicar lo demás.

Sin reparar en el espíritu ambicioso que muestra la empresa nacional brasilera, es difícil entender los resultados que hoy maravillan a expertos y profanos.

La expresión Orden y Progreso simboliza el escenario y la aspiración que el binomio Cardoso-Lula hizo realidad por no alejar la cuestión de la actualidad que nos preocupa. Sin un giro ideológico apropiado para operar en un mundo con nuevas reglas de juego post Reagan y sin rivales para la superpotencia, adaptaron el método precursor de Getulio Vargas y definieron un posicionamiento occidentalista alejado de fantasías sin porvenir.

Sin perder dignidad, Brasil empezó o refinó una política que lo colocara como actor internacional . Sin claudicaciones, como lo demostró en el caso Irán, ascendió en casi todos los campos del quehacer internacional y encabeza muchos indicadores comparados, con sombras en muchos casos, pero cuyas mejoras no pueden ocultarse o subestimarse , tal el caso de la disminución de la pobreza o el aumento de la clase media durante Lula. Los críticos deberían preguntarse si las alternativas, populistas o no, hubieran mejorado logros como la pertenencia al G-20, el BRIC o el G-4 para conquistar definitivamente una poltrona en el Consejo de Seguridad, o pertenecer a la elite que produce aviones y que exporta alimentos que hace cinco años importaba y cuyos logros en energía han merecido tanto reconocimiento como su justificada aspiración nuclear (pacífica y militar) para defender su riqueza marítima amenazada por la codicia de terceros.

Cristina Kirchner proclamó admiración cuando en Madrid, frente a Lula, afirmó: “Siento envidia de ese orgullo nacional que tiene la República de Brasil …” Más allá del cumplido, la realidad se impone.

Nuestros desaciertos, como las ofensas dirigidas en 2005 al ex presidente Bush en Mar del Plata, por ser contemporáneos, sirvieron elocuentemente para estrechar los vínculos de Brasil con los EE.UU. Al convite excepcional de Lula a Camp David, de inmediato le siguieron acuerdos provechosos mientras nosotros ganamos la descalificación de anfitriones inescrupulosos. Lo menos importante es la descortesía, que por cierto lo es.

El problema es que si la Argentina tuviera una refinada estrategia que contemplara que esos desplantes barriales favorecen a nuestro rival, el episodio no hubiera sucedido y otra sería nuestra imagen .

Afirma el Stratford Report (oct. 4, 2010) que mientras la Argentina está desorientada, Brasil puede “capitalizar la oportunidad para dominar la región” y subraya que “Brasil enfrenta las mismas oportunidades geopolíticas y desafíos con prescindencia de quién ejerce la presidencia.” La política internacional responde al largo plazo. Esta es la brújula y la estrategia la ejecuta.

Aunque rivalidad no necesariamente debe identificarse con enemistad, la creciente presencia de Brasil en la región debe examinarse para articular políticas compartidas . La expansión de sus empresas nacionales en Bolivia, Paraguay y Uruguay favorece a los países de adopción y fortalece alianzas.

La Argentina debería ajustar su gestión en la Cuenca del Plata con provecho también para los otros actores . A Brasil también le conviene, porque su infraestructura interna de transporte demanda ingentes recursos para penetrar en el interior amazónico amenazado por depredadores de diferente laya. Una política de ríos adecuada multiplicaría las posibilidades de desarrollo compartido en el ambicioso espacio continental.

 

 

*Marcelo Ramón Lascano es economista

http://www.ieco.clarin.com


 

La economía decidirá la reelección de Barack Obama en Estados Unidos

In ECONOMIA, ESTADOS UNIDOS, REPORTAJE on enero 23, 2011 at 11:46 am


Además de haber devuelto EE UU a la senda del crecimiento económico tras el mayor desastre financiero en ocho décadas, el presidente Barack Obama, ha cerrado la primera mitad de su mandato con la aprobación de más leyes que durante todo el fructífero periodo de la Gran Sociedad, en la década de los sesenta, cuando gobernaba Lyndon Johnson.

Estímulos a la economía, reformas de la sanidad y del sistema financiero, garantías de una paga justa para las mujeres, extensión de los incentivos fiscales de Bush… la lista es larga y variada. Pero ¿qué pasará en 2011 y 2012? los republicanos controlarán la Cámara de Representantes y podrán ejercer la minoría de bloqueo en el Senado. Para el demócrata, la clave de los próximos 22 meses estará en si el electorado será capaz de sentir que la economía mejora, y eso le obliga a redirigir su estrategia hacia el centro. Técnicamente, la Gran Recesión acabó en el verano de 2009, pero la recuperación está siendo tan lenta que el ciudadano de a pie apenas la nota.

No van a ser, por lo tanto, dos años fáciles, y estas primeras semanas marcarán el tono de la segunda mitad del mandato. El gasto público dominará claramente la agenda legislativa hasta las elecciones de 2012. Ahí es donde Obama se verá las caras con la oposición, con la que comenzará pronto a negociar el presupuesto que entrará en vigor en septiembre.

Demócratas y republicanos deberán también abordar juntos otro punto oscuro en el horizonte económico y político de EE UU: la degradación de las finanzas del país durante la Gran Recesión. La deuda bruta estadounidense está ya en los 14 billones de dólares, equivalente a más del 90% del PIB, y se espera que a partir de abril supere el techo de gasto de 14,3 billones fijado por el Congreso. Es decir, el Gobierno se quedará sin dinero si no se amplía antes ese margen. Ben Bernanke, presidente de la Reserva Federal, lleva un año pidiendo un plan para que el déficit deje de seguir engordando esa cuenta. El curso actual, dice Bernanke, es “insostenible”.

Los republicanos buscan, grosso modo, recortar el gasto a niveles de 2008, unos 100.000 millones, con reducciones del 20% en educación y transporte. Pero no acaba ahí el problema. La Casa Blanca necesita además lanzar propuestas para cambiar la estructura impositiva, para elevar los ingresos y hacer la recaudación más eficiente combatiendo el fraude y los abusos. Washington, por naturaleza, es sinónimo de división. Y aunque el objetivo final puede ser el mismo, demócratas y republicanos difieren en la manera de lograrlo. Eso se hace aún más evidente en materia de impuestos.

El empleo, la vivienda y el déficit, van a marcar el ritmo de la Reserva Federal durante los próximos dos años. En principio, se espera que el banco central mantenga activo hasta junio el mecanismo de recompra de deuda pública. Pero conforme los datos económicos mejoren, la presión será mayor para que reduzca los estímulos. Respecto a los tipos de interés, la inflación le da margen de maniobra para mantenerlos cerca del 0% hasta 2012.

El precio del dinero también puede encarecerse de forma abrupta si los inversores pierden la confianza en la capacidad de EE UU de poner sus cuentas en regla, y si demócratas y republicanos optan durante los próximos dos años por echarse los trastos a la cabeza en vez de llegar a compromisos. “Y eso puede ser potencialmente dañino”, avisan desde el Council on Foreign Relations.

Tanto en Wall Street como en Washington tienen la esperanza de que este año la economía mostrará que es capaz de sostenerse por sí sola, sin las ayudas públicas aprobadas tras el terremoto desatado por la caída de Lehman Brothers en 2008. Hay señales de que, por fin, el crecimiento cobra fuerza en EE UU. El consumo privado, del que dependen dos tercios de su Producto Interior Bruto (PIB), avanzaba a final de 2010 a un ritmo del 4%.

La propia Reserva Federal lo admite en el acta de su última reunión. La fortaleza de los últimos indicadores económicos “no es suficiente” para justificar un cambio en su estrategia de estímulos a la economía. En otras palabras, sigue habiendo riesgos que empujan en la dirección opuesta al crecimiento y, en boca de Ben Bernanke, pasarán cinco años hasta que se normalicen las cosas. El débil crecimiento, explica, impide que la contratación supere los 100.000 nuevos empleos al mes, lo que hace que la gran preocupación por el futuro a medio plazo sea el mercado laboral. La tasa de paro, auguran en IHS, continuará por encima del 9%.

Si para las elecciones de 2012 no baja del 8%, será difícil que el inquilino en la Casa Blanca sea reelegido.

FUENTE:
http://www.elpais.com
SANDRO POZZI 23/01/2011